Ahora, es evidente que cuanto más restringido es el número de los detentadores de la tierra y de los medios de producción, tanto más fácil se hace su sustitución —con o sin indemnización personal— por parte de un solo propietario que es la sociedad y que no puede ser más que ella.
La tierra es la base física del organismo social. Es, por lo tanto, absurdo que pertenezca a pocos individuos y no a toda la colectividad social, como sería absurdo que perteneciese al monopolio de pocos propietarios, el aire que respiramos.
Y esta es la intención suprema del socialismo.
{78} Pero, es evidente que no se puede llegar a eso, tomando como punto de mira a este o aquel propietario, a este o aquel capitalista.
Ese es también un medio individualista de lucha, que está destinado a permanecer estéril o que por lo menos exige un desparramo inmenso de fuerzas para obtener escasos resultados parciales y provisionales.
Por eso es que cuando veo a los hombres políticos afanarse con protestas diarias o anecdóticas, en una lucha personalista —a la que, por otra parte, las asambleas y el público se acostumbran y amoldan por su misma monótona continuidad—, me parece ver a un higienista extravagante que quisiera hacer habitable un pantano, matando a tiros y uno por uno los mosquitos, en vez de proponerse como método y objetivo, el completo saneamiento de toda la zona miasmática . . .
¡Nada, pues, de luchas o violencias personales! Lucha de clase, en el sentido de dar a la inmensa clase de los trabajadores de cualquier arte o profesión, la conciencia de estas verdades fundamentales y por lo tanto de sus propios intereses de clase, contrapuestos a los intereses de la clase que retiene el poder económico, para llegar con la organización consciente a la conquista {79} de ese poder económico, por medio de los demás poderes públicos que la civilización actual ha asegurado a los pueblos libres.
Aunque pueda preverse que la clase dominante de todos los países, antes de ceder restringirá las libertades públicas que para ella eran inocuas cuando las usaban los trabajadores no constituidos en partido de clase, sino distraídos o hipnotizados en seguimiento de otros partidos políticos, tan radicales en las cuestiones accesorias cuanto profundamente conservadores en la cuestión fundamental de la organización económica y de la propiedad.
Lucha de clase, pues. Lucha de clase a clase.
Y lucha, se comprende, con los métodos de que hablaré en seguida, al ocuparme de los cuatro modos de transformación social: evolución, revolución, rebelión, violencia personal.