Así como el salvaje beneficiado por el árbol {112} frutal, adora al árbol por él mismo, no por los frutos que puede darle aún, y lo convierte en un fetiche, en un ídolo intangible, pero que por lo mismo se esteriliza; como el avaro que en el mundo individualista conoce el valor del dinero, concluye por adorar el dinero en sí y por sí, como fetiche y como ídolo, y lo deja sepultado en el cofre, esterilizándolo, en vez de usarlo como instrumento de nuevas ganancias; así el liberal sincero, hijo de la Revolución Francesa, se hace de la libertad un ídolo, término de ella misma, estéril fetiche, en lugar de emplearla como instrumento de nuevas conquistas, como medio de realización de nuevos ideales.

Se comprende que bajo la tiranía política el ideal primero, el más urgente, el febril, fuese la conquista de la libertad y de la soberanía política.

Y nosotros, los recién llegados, estamos por esta conquista agradecidos a los mártires y a los héroes que la han querido al precio de su sangre.

¡Pero la libertad no es y no puede ser el término de sí misma!

¿De qué sirve la libertad de reunión y de pensamiento si el estómago no tiene el pan cuotidiano y millones do individuos tienen paralizada toda fuerza moral por la anemia del cuerpo y del cerebro?

{113} ¿De qué sirve al pueblo tener una parte platónica de la soberanía política con el derecho de voto, si continúa bajo la esclavitud material de la miseria, de la desocupación, del hambre aguda o crónica?

La libertad por la libertad indica un progreso realizado que se opone a los progresos venideros, y es una especie de onanismo político, estéril por sí ante las nuevas necesidades de la vida.

El socialismo responde, por lo tanto, que así como la fase subsiguiente no borra las conquistas de las fases precedentes de la evolución social, así tampoco quiere suprimir la libertad gloriosamente conquistada por el mundo burgués con su revolución de 1789, sino que por el contrario quiere que, conquistando la conciencia de los intereses y de las necesidades de su clase frente a la clase de los capitalistas y propietarios, los trabajadores se sirvan de ella para avanzar hacia una organización social más equitativa y más humana.

Sin embargo, es innegable no sólo que, dada la propiedad individual y por lo tanto el monopolio del poder económico, la libertad dejada a quien no tiene ese monopolio, es un juguete impotente y platónico, sino también que cuando {114} los trabajadores demuestran querer valerse de esa libertad con conciencia clara de sus intereses de clase, los detentadores del poder económico y por lo tanto político, se apresuran a renegar de los grandes principios liberales «los principios del 89» y suprimen toda libertad pública, ¡soñando detener así la marcha fatal de la evolución humana!

Lo mismo puede decirse de una acusación semejante contra los socialistas: que renegarían de la patria en nombre del internacionalismo.