También esto es erróneo.
Las epopeyas nacionales con que la Italia o la Alemania reconquistaron en nuestro siglo la unidad y la independencia, fueron realmente un gran progreso, y estamos agradecidos, lo repetimos, a quien nos ha dado una patria libre.
Pero la Patria no puede convertirse por eso en obstáculo de los progresos venideros, que están indudablemente en la fraternidad de todos los pueblos, sin los odios de nacionalidad, que, o son un residuo de la barbarie, o son barnices que disimulan los intereses del capitalismo que, por su cuenta, sin embargo, ha sabido ejecutar el más estrecho internacionalismo universal.
Como haber dejado atrás la fase de las guerras comunales de Italia, para sentirse hermanos en {115} una misma nación, ha sido un verdadero progreso moral y social, así también lo será transponer la fase de las rivalidades «patrióticas», para sentirse todos hermanos de una misma humanidad.
Que sirva a las clases que están en el poder y que se hallan vinculadas en estrecha liga internacional (el banquero de Londres, con el telégrafo, domina el mercado de Pekín o de Nueva York) tener dividida la gran familia de los trabajadores de todo el mundo o también de la vieja Europa solamente —porque la división de los trabajadores hace posible el poder de los capitalistas— y que esa división se disimule y se mantenga viva, abusando del fondo primitivo y salvaje de los odios contra «el extranjero», todo esto se comprende y se explica claramente con la clave histórica de los intereses de clase.
Pero eso no quita que el socialismo intemacionalista constituya, también bajo ese aspecto, un innegable progreso moral y una fase inevitable de evolución humana.
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Del mismo modo y por la misma ley sociológica no sería exacto decir que el socialismo llegará a suprimir con la propiedad colectiva toda o cualquiera propiedad individual.
{116} Estamos siempre en esto: una fase subsiguiente de evolución no puede borrar todo lo realizado en las fases anteriores, sino que suprime solamente aquellas manifestaciones que no son vitales porque están en contradicción con las nuevas condiciones de existencia de la nueva fase.
Sustituida la propiedad particular con la propiedad social de la tierra y de los medios de producción, es evidente por ejemplo que la propiedad de los alimentos necesarios para el individuo no podrá ser suprimida, como tampoco la de las ropas y objetos de uso personal, que se consumirán en bien exclusivo individual o familiar.