Y es en Alemania o en Inglaterra donde el mayor desarrollo del individualismo burgués acelera fatalmente sus inconvenientes y por lo tanto la necesidad del socialismo, es allí donde probablemente se realizará la gran metamorfosis social, iniciada ya también en todas partes, y de allí se propagará por la vieja Europa, como al fin del siglo pasado partió de Francia la señal de la revolución política y burguesa.
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Queda, pues, una vez más demostrada la profunda diferencia que existe entre socialismo y anarquismo —que a nuestros adversarios y a la prensa servil agrada presentar confundidos a los ojos velados por la emoción o por la ignorancia— y queda de todos modos demostrado que el socialismo marxista representa una armonía vital y una continuación fecunda de la ciencia positiva, justamente porque ha hecho de la teoría de la evolución la savia y la sangre de sus propias inducciones y señala por lo tanto la fase verdaderamente vivaz y definitiva —y en consecuencia la única que desde ahora sobrevivirá en {150} la conciencia de la democracia colectivista— de ese socialismo que hasta hace poco había permanecido fluctuando en las nebulosidades del sentimentalismo, sin la brújula infalible del pensamiento científico renovado por las obras de Darwin y de Spencer.
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TERCERA PARTE. SOCIOLOGÍA Y SOCIALISMO.
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XII. EL LIMBO ESTÉRIL DE LA SOCIOLOGÍA.
Fenómeno verdaderamente extraño en la historia del pensamiento, después de la primera mitad del siglo XIX, fue el siguiente:
La profunda revolución científica determinada por el darwinismo y el spencerismo había invadido, renovándolas con nueva juventud, todas las ramas de las ciencias físicas, biológicas y psicológicas; pero llegada al terreno de las ciencias sociales no había hecho más que encrespar superficialmente las ondas del tranquilo lago ortodoxo de la ciencia social por excelencia: la economía política.
Es verdad que por iniciativa de Augusto Comte —obscurecido en parte por los nombres de Darwin y de Spencer, pero que indudablemente fue uno de los cerebros más grandiosos y fecundos de nuestra época—, es verdad que por su iniciativa se creó una ciencia nueva: la sociología, {154} que hubiera debido ser con la historia natural de las sociedades humanas, el glorioso coronamiento del nuevo edificio científico levantado por el método experimental. Y no niego que la sociología en la parte de pura anatomía descriptiva del organismo social, haya traído grandes y fecundas novedades a la ciencia contemporánea, ramificándose también en varias sociologías especiales, uno de cuyos resultados más útiles y más vivos es la sociología criminal, creada por la escuela positiva italiana.