Las otras dos teorías marxistas, son de mucho mayor interés para nuestras observaciones generales sobre el socialismo científico, porque dan verdaderamente la clave segura e infalible de todos los secretos de la vida social.

Aludo a la idea expresada desde 1859 en la Crítica de la economía política, de que el fenómeno económico es la base y la condición de toda manifestación humana y social; y que por lo tanto, la moral, el derecho, la política no son más que fenómenos derivados del factor económico, según las condiciones de cada pueblo en cada fase de la historia y en cada zona de la Tierra.

Y esta idea, que responde a la gran ley biológica por la cual la función es determinada por el órgano y por la que cada hombre es tal como resulta de las condiciones innatas y adquiridas {158} de su organismo fisiológico, viviendo en un ambiente dado, así como puede darse una extensión verdaderamente biológica a la famosa frase «dime como comes y te diré quien eres» —esta idea genial que realmente desarrolla ante nuestros ojos el grandioso drama de la vida humana, no ya como la caprichosa sucesión de los grandes hombres en el escenario del teatro social, sino como la resultante de las condiciones económicas de cada pueblo— ha sido, después de algunas aplicaciones parciales de Thorold Rogers, tan poderosamente explicada por Aquiles Soria que creo inútil agregarle nada mío.

Una sola idea creo necesaria para completar esa teoría marxista, como ya lo sostuve en la primera edición de Socialismo y criminalidad.

Esa teoría irrefutable tiene que ser despojada de esa especie de dogmatismo unilateral que ha venido asumiendo en Marx y más aún en Soria.

Es cierto que todo fenómeno e institución social, moral, jurídica o política, no es más que la repercusión del fenómeno y de las condiciones económicas en cada momento del ambiente físico e histórico.

Pero por la ley de causalidad natural, por la cual todo efecto es siempre la resultante de muchas causas enlazadas y nó de una sola, y todo {159} efecto se convierte a su vez en causa de otros fenómenos, es necesario completar esa forma demasiado esquemática de una idea verdadera.

Como todas las manifestaciones psíquicas del individuo son la resultante de sus condiciones orgánicas (temperamento) y del ambiente en que vive, así todas las manifestaciones sociales de un pueblo —morales, jurídicas, políticas—, son la resultante de sus condiciones orgánicas (raza) y del ambiente, en cuanto éstas determinan una organización económica dada, que es la base física de la vida.

Pero como en seguida y a su vez las resultantes condiciones psíquicas del individuo, influyen aunque con menor eficacia —de efecto convertido en causa— sobre sus condiciones orgánicas y sobre el éxito de su lucha por la vida, así también las instituciones morales, jurídicas y políticas, a su vez, de efecto se convierten en causa, (no existiendo para la ciencia positiva ninguna diferencia substancial entre causa y efecto, sino en que el efecto es subsiguiente constante de un fenómeno dado, y la causa es su precedente constante) y por lo tanto reaccionan con mucha menor eficacia sobre las condiciones económicas.

Por ejemplo, un individuo que sepa de higiene, puede influir sobre las imperfecciones de su {160} aparato digestivo, pero siempre dentro de los límites muy restringidos de su potencialidad orgánica —como un descubrimiento científico o una ley electoral puede influir sobre la industria o sobre las condiciones del trabajo, pero dentro de las líneas de la organización económica fundamental—. Así, las instituciones morales, jurídicas, políticas, determinan efectos bastante mayores en las relaciones de las varias categorías de la clase detentadora del poder económico (capitalistas, industriales y propietarios territoriales), que en las relaciones de los capitalista-propietarios por una parte y los trabajadores por otra.