Margarita tiró de la cadena, y se volvió alargando la mano al estudiante. Estaba muy pálida.
—Adiós... Te escribiré...—murmuró.
—Adiós,—dijo él, temblando de alegría.
Y el contacto de sus manos hizo, seguramente, explotar algo terrible y grandioso en el aire, porque sintieron el estruendo, el fuego y la luz del rayo mientras se besaban frenéticamente.
NOTAS:
[28] La renombrada aranciata (naranjada) con la cual, probablemente, el sardo primitivo ha querido imitar ó reproducir un panal de miel; pues la aranciata toma su forma, color y gusto.
[29] Las manos quietas.
[30] Hace referencia á estos versos:
«Le mystère de ces yeux bleus
vides, profonds comme les cieux» (N. del T.)