NOTAS:

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Su soldadu in sa guerra,
Nan chi s'est olvidadu,
No s'ammentat de Deu.
Torrat su colpus meu,
Pus tis ch'est sepultadu
A sett'unzas de terra.

Estas canciones, llamadas mufos, son improvisadas por las mujeres nuorenses. Los asuntos de los dos tercetos son siempre independientes; las dos estrofas sólo se relacionan por la rima.

SEGUNDA PARTE

I

Era la hora en que la tristeza envuelve á los navegantes y á los que van á zarpar hacia costas desconocidas.

Anania era uno de éstos. El tren le llevaba hacia el mar. Caía una tarde plácida de otoño, grave y melancólica. Los dentellados montes de la Gallura se borran en la violácea lejanía, el aire huele á brezos. Á lo lejos se distingue un pueblecito: su campanario gris destaca sobre el cielo color de violeta. Anania contempla los extraños perfiles de los montes, el color del cielo, las matas temblando entre las rocas, y sólo el temor de parecer ridículo á los otros dos viajeros,—un cura y un estudiante campidonense, compañero suyo de escuela,—le impide llorar.

Y sin embargo ahora ya es un hombre. Verdad es que creía ser un hombre desde que tenía quince años; pero entonces creía ser un hombre joven, mientras que ahora se cree un joven viejo. Y la salud y la juventud brillan en sus ojos. Es alto, esbelto, con seductores bigotes castaños de puntas de oro.

Se acercaba la noche. Alguna que otra estrella aparecía «sobre los montes de Gallura» y alguna que otra hoguera brillaba en el verde negro de los brezales. Adiós tierra nativa, isla triste, madre querida, pero no lo bastante para que una voz potente, de más allá del mar, no arranque tus hijos mejores de tu blando regazo, como el viento llama á los aguiluchos, incitándoles á abandonar el nido y la solitaria roca.