Consolati, coro duru,
Ca in s'ifferru bi at trotta.
[33] Natural de Barbagia, región montañosa de Cerdeña.
II
Llovía copiosamente.
Una penumbra gris pesaba sobre la alcoba, de la cual Daga había cedido á su compañero la parte menos oscura, no por delicadeza, sino porque dormía hasta las diez de la mañana y no quería ser molestado por la escasa luz que entraba por la ventana. Echado sobre la cama, Anania miraba la cortina amarilla, que le parecía un bajo relieve de mármol vuelto amarillo por la humedad y falta de luz, y sentía una melancolía y un desaliento tan profundos, que casi le producían la opresión de un malestar físico.
También Daga, presa de una racha de malhumor, suspiraba dando vueltas y más vueltas en su cama, más allá de la cortina. Anania pensaba:
—¿Qué debe tener aquella bestia? ¿Por qué suspira? ¿No es feliz, rico, honrado, inteligente?
Y empezó á establecer comparaciones.
—Aquel estúpido no está enamorado, sus padres le quieren con delirio... es independiente... ¡Mientras que yo!... ¿Yo? ¿Yo, qué? ¿Acaso no soy feliz? ¿No me pongo triste ante la sombra de nubes vanas, de nebulosos monstruos? ¡Estoy loco, palabra de honor que estoy loco! Amo, soy amado; tengo ante mí un porvenir de paz y amor. Soy algo ambicioso, pero tal vez con sólo alargar los brazos puedo abarcar el mundo. Margarita es guapa, rica, me ama y me espera. ¿Qué más puedo desear? ¿Por qué esta estúpida tristeza?