—¿Cuántas tancas tienes?

—Siete ú ocho, no recuerdo.

—¿Tienes colmenas? ¿Y pastores?

—¡De todo, tía Bárbara, de todo!

—¿Entonces por qué has venido á este lugar de perdición? ¿Qué necesidad tienes de estudiar?

—Porque mi novia quiere que me haga doctor.

—¿Y quién es tu novia?

—La hija del barón de Baronia.

—¡Ah! ¿Aún viven los barones de Baronia? Yo había oído contar que su castillo estaba lleno de fantasmas. Una vez una mujer que había ido á coger leña, pasó de noche por delante del castillo y vió una dama, con una gran cola de oro, que parecía un cometa. ¿Tú sabes qué es un cometa? ¡Oh, Nuestra Señora del Buen Consejo! Me vas á arruinar... mira que te va á hacer daño tanto café.

—Cuente, cuente, tía Bárbara. ¿Cuando aquella mujer vió á la dama, qué hizo?—insistía el estudiante, echándose otra taza de café.