—¡Pero por qué has hecho esto!—dijo, cogiendo deprisa el paquetito.—¡Siempre te molestas! Espera.

Se quedó solo durante un minuto que le pareció una hora; apoyado en el muro aún caliente del patio, bajo aquel cielo velado por una noche callada y casi tétrica, vibraba de alegría angustiosa, y cuando Margarita corrió, sin poder apenas respirar, á echarse entre sus brazos, más que verla la sintió; sintió su cara suave y caliente, su corazón palpitando agitadamente contra el suyo, su vida ágil si bien no sutil, y creyó desmayarse.

Inconscientemente, locamente, empezó á besarla, cegado por una inextinguible y casi cruel sed de besos.

—¡Basta, basta!—dijo ella, volviendo en sí la primera.—¿Cómo te encuentras? ¿Estás ya bien?

—Sí, sí,—contestó impetuosamente.—¡Por fin, Dios mío! Oye cómo me palpita el corazón.

—¡Ah!—prosiguió, respirando penosamente, y estrechando la mano de ella sobre su pecho,—casi no puedo ni hablar... No he podido pasar por frente tu ventana porque... porque... no me han dejado en paz ni un solo momento... ¡Y ahora apenas te puedo ver! ¡Ah, si trajeras una luz!

—¡Qué dices, Nino! Ya nos veremos mañana; ahora nos sentimos,—contestó, riendo bajo, bajito, mientras bajo la palma de su mano, que Anania se apretaba contra el pecho, sentía el agitado palpitar de su corazón.—¡Cómo palpita tu corazón! ¡parece el de un pájaro herido! ¿Pero estás curado del todo?

—¡Curado, curado del todo!... Margarita ¿dónde estás? ¿Pero de veras estamos juntos?

Y miraba intensamente, esforzándose para distinguir las facciones de ella, en el vacío incoloro de la nublada noche. Las grandes nubes de terciopelo obscuro que pasaban sin cesar por el cielo gris, dejaban un hueco de forma oval, rodeado de espesos bordes, parecido á un rostro misterioso, con dos estrellas rojizas por ojos, asomado para espiar á los dos enamorados. Anania sentóse sobre un banco de piedra y atrajo sobre sus rodillas á la muchacha, sujetándola estrechamente, á pesar de sus protestas, en el círculo de sus brazos temblorosos.

—Déjame—decía,—peso demasiado; estoy muy gruesa...