—Sí, no me basta. Di: ¡Te... a... mo!
—Te... a... mo... ¿Si no te amara estaría así contigo?—preguntó ella, animándose.—¡Te amo, te amo! Yo no sé expresarme, pero te amo, tal vez mucho más que tú á mí.
—No es verdad; yo te amo más. Pero sé que tú también me quieres—siguió diciendo casi serio,—tú que podías aspirar á mucho porque eres guapa y rica.
—¡Rica... quién sabe! ¿Y si no lo fuera?
—Estaría mucho más contento.
Callaron, ambos serios, casi separándose para seguir cada cual su propio pensamiento.
—Oye—dijo él de pronto, tímidamente, siguiendo el curso de sus ideas,—me han dicho que tu familia está enterada de nuestros amores. ¿Es verdad?
—Es verdad—contestó Margarita después de una breve duda.
—¿Qué me dices? ¿Y tu padre no está enfadado?
Margarita volvió á dudar; después alzó la cabeza y contestó fríamente: