Por vez primera Margarita, segura ahora de poderse abandonar sin miedo ni remordimiento al amor intenso que su guapo novio sentía por ella, se mostró apasionada y vehemente, como Anania no se atrevía ni á soñarlo; así es que salió de la cita, tambaleándose, ciego, fuera de sí.
La noche siguiente la entrevista fué aún más larga, más delirante. La tercera noche, la criada, que vigilaba desde la cocina, probablemente cansada de esperar, hizo la señal convenida para el caso de sorpresa y los enamorados se separaron algo asustados.
Al día siguiente Margarita escribió: «Tengo miedo de que ayer noche papá se enterara de algo. Procuremos no comprometernos, ahora precisamente que somos tan felices; es preciso, por lo tanto, que no nos veamos durante unos días. Ten paciencia, y ten valor como yo lo tengo, pues hago un sacrificio enorme renunciando, por unos días, á la felicidad inmensa de verte; me parecerá morir, porque te amo ardientemente, porque no podré vivir sin tus besos», etc., etc., etc.
Él contestó: «Adorada de mi alma, tienes razón: eres una santa por buena y por sabia, y en cambio yo soy un loco, loco de amores por ti. No sé, no veo lo que hago. Ayer noche pude haber comprometido todo nuestro porvenir y no me daba cuenta de ello. Perdóname; cuando estoy á tu lado pierdo la razón. Se apodera de mí la fiebre; me consumo, me parece que dentro de mí arde un fuego devastador. Renuncio dolorosamente á la felicidad suprema de verte durante unas cuantas noches; y como siento necesidad de ejercicio, de distracción, de alejarme algo de tu lado, para calmar un poco este fuego que me devora y me pone inconsciente y enfermo, he pensado emprender la excursión al Gennargentu de la cual te hablé la otra noche. ¿Lo permites, verdad? Contéstame en seguida, querida, adorada, mi encanto y mi gloria. Te llevaré en el corazón; desde la más alta montaña sarda te enviaré un saludo, gritaré al cielo tu nombre y mi amor, como quisiera proclamarlo desde la montaña más elevada del mundo para que toda la Tierra se enterara y asombrara. Te abrazo, te llevo conmigo, junto á mí, formando un solo cuerpo, por toda una eternidad».
Margarita concedió el permiso para el viaje.
Otra carta de Anania: «Salgo mañana por la mañana con el correo de Mamojada-Fonni. Pasearé por bajo tu ventana á las nueve. Quisiera verte esta noche... pero quiero ser prudente. Ven, ven conmigo, Margarita adorada, no me abandones un solo instante, ven, ven aquí, sobre mi corazón, que el fuego de mi amor te consuma: hazme morir de amor».
NOTAS:
[43] Sentada sobre el verde césped, entreteníase alegremente tejiendo guirnaldas: de toda cuanta flor creó Natura llevaba manchado su vestido. Y de pronto advirtiendo la presencia del joven, algo miedosa levantó la cabeza, recogió con sus blancas manos la falda, y alzóse con el regazo lleno de flores.
[44] Llévate ¡oh viento! estos dulces versos junto al oído de la Ninfa mía; dile cuántas lágrimas por ella vierto y ruégale que no sea cruel; dile que mi vida ya no es vida y se consume como brizna al sol...