—¿Seré yo romántico? Y hasta sin matarle, ¿no me podría ocultar entre estas montañas y vivir solo, alimentándome de hierbas y pájaros? ¿Por qué el hombre no puede vivir solo, por qué no puede romper los lazos que le unen á los demás y le ahogan? ¿Zarathustra? Sí; pero también Zarathustra una vez escribió:
«...¡Qué solo estoy! No tengo nadie con quien reir, nadie que me consuele dulcemente...».
La subida siguió lenta y peligrosa durante tres horas. El cielo se despejó por completo; soplaba el viento; las cimas, de contextura pizarrosa, brillaban al sol, con su perfil argentino, sobre el azul infinito; la isla desarrollaba sus cerúleos panoramas, con sus montañas de un azul pálido, sus pueblecitos grises, sus relucientes lagunas: panoramas que allá y acullá se esfumaban en la vaporosa línea del mar.
Á cada momento Anania se distraía, admiraba, seguía con interés las indicaciones del guía y miraba con los gemelos; pero no podía escapar á su angustia que le recobraba con un zarpazo de tigre, cuando trataba de saborear la dulzura del espléndido panorama.
Hacia medio día llegaron al pico Bruncu Spina. Apenas desmontaron, Anania se arrastró hasta el montón de losas pizarrosas del vértice trigonométrico y se echó al suelo para huir de la furia del viento que soplaba de todas partes. Bajo su nerviosa mirada extendíase, iluminada por el sol en el zenit, casi toda la isla, con sus montañas azules y su mar de plata; sobre su cabeza el cielo turquí, inmenso é infinito como el pensamiento humano. El viento resonaba furiosamente en el vacío y sus ráfagas sacudían á Anania con rabia loca, con la ira violenta de una formidable fiera que quisiese echar á todos los demás seres del antro aéreo donde quería dominar sola.
El joven resistió durante largo tiempo; el guía se le acercó arrastrándose, y colocado á gatas sobre las losas de pizarra, empezó á señalarle, nombrándolos, los principales montes, los pueblos y lugarejos.
El viento se llevaba las palabras y les quitaba la respiración.
—¿Aquello es Nuoro?—gritó Anania.
—Sí; la colina de San Onofre le divide.