—Yo... nada.
—¿Tiene deudas?—preguntó Anania.
—No.
—¿No debe nada al peón caminero?
—No. Me han cogido todo lo que tenía.
—¿Qué le han cogido?
—Los botones de plata de la camisa, los zapatos nuevos, doce liras.
—¿No le queda á V. nada?
—Nada, Come mi vedi, mi scrivi[52]—dijo ella pasando las manos por el delantal.
—¿Conserva algunos papeles?