—¿Qué papeles?

—¿Si tienes la fe de nacimiento ó algún otro papel importante?—dijo la tía Grathia.

—Sí, tengo la fe de nacimiento—contestó palpándose el pecho.—La llevo aquí.

—Á ver.

Sacóse un papel amarillento, manchado de grasa y sudor, mientras Anania recordaba amargamente las pesquisas hechas para ver si María Obinu poseía documentos reveladores.

La tía Grathia cogió el papel y lo entregó al joven, que lo desdobló, le pasó la vista por encima y lo devolvió.

Era de fecha reciente.

—¿Para qué la ha sacado?—preguntó.

—Para casarme con Celestino...

—El ciego—dijo la viuda, y añadió murmurando:—¡aquel mal bicho!