—¿Era muy viejo el fraile?—preguntó Anania pensativo.—¿Llevaba una barba muy larga? ¿Y un bastón?
—Sí, una barba larga y un bastón...
—¿No sería Él?
—¿Quién es Él?
—¿Nuestro Señor Jesucristo?...
—Tal vez...—dijo Olí.—Mira, prométeme que no perderás ni darás á nadie la bolsita. Júramelo.
—¡Lo juro!—contestó gravemente Anania.—¿Es fuerte la cadenilla?
—Sí; es fuerte.
Olí cogió el lío con una mano, y con la otra la manecita del niño, y le llevó á la cocina en donde le hizo tomar una taza de café y un pedazo de pan. Le echó sobre las espaldas un saco viejo, y salieron á la calle.
Amanecía.