¿Aquél era su padre? Anania le miró tímidamente, pronunciando con voz apagada las palabras enseñadas por su madre:

—Soy el hijo de Olí Derios.

Los dos hombres que daban vueltas á la prensa, se pararon de pronto, y uno de ellos gritó:

—¡Tu hijooo!

El hombre alto tiró la pala al suelo, corrió hacia Anania, le miró fijamente, y preguntó:

—¿Quién... te ha enviado? ¿Qué quieres? ¿Dónde está tu madre?

—Ahí fuera... ahora vendrá...

El almazarero salió corriendo, seguido por el muchacho del gorro colorado, pero Olí había desaparecido, y nunca más se supo de ella.


Enterada del caso, vino la tía Tatana, la mujer del almazarero, no muy joven, pero aún guapa, gorda y blanca, de dulces ojos castaños rodeados de arrugas y de labio superior algo levantado, sombreado por ligero bozo rubio. Venía tranquila, casi contenta. Apenas entró en la almazara cogió á Anania por los hombros, se inclinó, y le examinó atentamente.