—También á nosotros. ¡Han robado muchos! Desaparecen y no se sabe dónde van á parar.
—¡Desaparecen todos los gatos de la vecindad! ¿Qué harán con ellos?
—Pues, los ponen al asador. La carne es buena, ¿sabes?, parece carne de liebre. En el continente la venden como liebre, según dice mi padre.
—¿Ha estado tu padre en el continente?
—Sí. Y yo también iré, y pronto.
—¡Tú!—dijo Anania, riéndose con algo de envidia.
Bustianeddu creyó que había llegado el momento de revelar á su amigo sus atrevidos proyectos.
—Yo no puedo vivir aquí por más tiempo,—dijo quejándose;—no, yo quiero marcharme. Buscaré á mi madre y veré si encuentro colocación en una pastelería; si quieres venir, te vienes.
Anania se puso colorado por la emoción y sintió latir su corazón fuerte, muy fuerte.
—No tenemos dinero,—observó.