Un ansia terrible devoraba a Matho. Hubiera querido poseer el velo sin cometer el sacrilegio. Se decía que quizás podría adquirir su virtud sin necesidad de robar el velo; pero sin llegar al fondo de su pensamiento, deteniéndose en el límite que le espantaba.

—¡Vamos! —dijo, y se alejaron a paso rápido, juntos y sin hablarse.

El terreno iba subiendo y las casas se juntaban. Los dos hombres torcían por calles estrechas y entre tinieblas. Jirones de esparto que cerraban las puertas golpeaban las paredes. En una plaza, los camellos rumiaban ante un montón de heno. Luego pasaron por debajo de una galería cubierta de follaje. Ladraron los perros, pero de pronto el espacio se ensanchó y se encontraron en la parte occidental de la Acrópolis. Por bajo de Byrsa se erguía una negra mole: era el templo de Tanit, conjunto de monumentos y jardines, de patios y antepatios, ceñido por un pequeño muro de piedras secas. Espendio y Matho lo franquearon.

Este primer recinto encerraba un bosque de plátanos, plantados como precaución contra la peste y la infección del aire. Aquí y acullá estaban diseminadas las tiendas en que de día se vendían pastas depilatorias, perfumes, vestidos, pasteles en forma de luna e imágenes de la diosa, con reproducciones del templo ahuecadas en un bloque de alabastro.

Nada tenían que temer, porque en las noches en que el astro estaba oculto, se suspendían todos los ritos; pero Matho se desanimaba y se detuvo ante las tres gradas de ébano que conducían al segundo recinto.

—¡Adelante! —dijo Espendio.

Granados, almendros, cipreses y mirtos, inmóviles como follaje de bronce, alternaban con regularidad; el camino, empedrado de guijarros azules, crujía bajo los pies; abiertas rosas se mecían como cunas en toda la longitud de la avenida. Llegaron ante un agujero oval, cerrado por una verja. Matho, a quien el silencio espantaba, dijo a Espendio:

—Aquí es donde se mezclan las Aguas dulces con las Aguas amargas.

—Yo he visto todo esto —contestó el antiguo esclavo— en Siria, en la ciudad de Mafug.

Por una escalera de seis gradas de plata subieron al tercer recinto.