Entró un oficial y preguntó:
—Mi coronel ¿qué hacemos? Los enemigos han huido y parece que les hemos hecho muchos heridos. Hemos quedado dueños de la plaza.
El militar gordo, que se enjugaba la frente, vociferó: «¡Victoria!».
Y en una agenda comercial que sacó de uno de sus bolsillos, escribió:
«Después de encarnizada lucha, los prusianos han tenido que batirse en retirada, llevándose á sus muertos y á sus heridos. Se calculan en cincuenta los hombres que han quedado fuera de combate. Algunos han quedado en nuestro poder».
El joven oficial añadió:
—Mi coronel, ¿qué disposiciones debo tomar?
El coronel respondió:
—Vamos á replegarnos para evitar que vuelvan á la ofensiva con fuerzas superiores y artillería.
Y dió orden de volver á marchar.