Dionisio respondió:
—Eso es lo que hago, mi amo.
Entonces Marambot abrió los dos ojos.
Ni en la cama, ni en la habitación, ni en el asesino, había huellas de sangre. Y el herido estaba extendido entre sábanas blanquísimas.
Los dos hombres se miraron fijamente, y Marambot pronunció con dulzura:
—Has cometido un gran crimen.
Dionisio respondió:
—Reparándolo estoy. Y si el señor no me denuncia, le serviré con la misma fidelidad que antes.
No era aquella, ocasión para mostrarse duro con el criado, y Marambot, cerrando los ojos, articuló:
—Te juro que no te denunciaré.