Esta precaución pareció que le ponía á cubierto de toda nueva tentativa, y se preguntaba si no sería prudente conservar á su lado á aquel hombre, claro está que vigilándole atentamente.

Lo mismo que en otros tiempos, cuando vacilaba para adquirir una farmacia más importante, no podía decidirse á adoptar una resolución.

—Siempre llego á tiempo,—se decía.

Y como Dionisio continuaba dando pruebas de ser un servidor incomparable y Marambot estaba completamente restablecido, le conservó á su lado.

Ahora bien, una mañana, cuando concluía de almorzar, le sorprendió un ruido extraordinario que procedía de la cocina. Allí se dirigió y encontró que dos gendarmes sujetaban á Dionisio. Gravemente, el brigadier tomaba notas en su cuaderno.

En cuanto vió á su amo, el criado se puso á sollozar diciendo:

—Me ha denunciado usted y eso no esta bien porque al hacerlo ha faltado á lo que me había prometido. Ha faltado usted á su palabra de honor, señor Marambot, y eso no está bien, no está bien...

Marambot, estupefacto y desolado al ver que se ponía en tela de juicio su lealtad, levantó la mano diciendo:

—Ante Dios te juro, muchacho, que no te he denunciado. Ignoro cómo los señores gendarmes han podido tener noticia de que habías intentado asesinarme.

El brigadier se estremeció: