—¿Dice usted, señor Marambot, que intentó asesinarle?

El farmacéutico, sin saber lo que decía, respondió:

—Sí, sí... pero yo ni le he denunciado ni he dicho nada... Juro que no he dicho nada... Desde entonces me ha servido admirablemente..

El brigadier, muy severamente, dijo:

—Tomo nota de cuanto acaba usted de decir, y crea señor Marambot, que la justicia apreciará este nuevo motivo que ignoraba. Tengo la comisión de detener á su criado por haber robado dos patos al señor Duhamel, de cuyo delito hay testigos. Ruego á usted, señor Marambot, que me perdone, pero tengo que dar cuenta de su declaración.

Y volviéndose hacia sus hombres agregó:

—Vamos, en marcha.

Y los gendarmes se llevaron á Dionisio.

III

El abogado acababa de alegar la locura y apoyaba uno en otros los dos delitos para dar más fuerza á su argumentación. Y había demostrado claramente que el robo de los dos patos procedía del mismo estado mental que las ocho puñaladas dadas en la persona del señor Marambot. Finalmente había analizado todas las fases de ese estado pasajero de alienación mental que sin duda cedería después de algunos meses de tratamiento en una excelente casa de salud. De manera entusiasta había hablado de la continuada abnegación del honrado servidor, y de los incomparables cuidados con que había rodeado á su amo, por él herido en un momento de extravío.