«Y luego, volviéndose hacia mí, añadió:
—«José no las necesita: no se debe mimar demasiado á los chicos.
«Yo me quedé al lado de mi madre,. encontrando muy injusta la distinción y siguiendo con los ojos á mi padre,. que pomposamente llevaba á sus dos hijas hacia el harapiento marinero.
«Las dos damas acababan de alejarse, y mi padre enseñó á mis hermanas lo que tenían que hacer para no mancharse: quiso dar el ejemplo, se apoderó de una ostra, y procuró imitar á las dos damas, pero con tan mala fortuna, que se echó el líquido por la levita, cosa que hizo murmurar á mi madre:
—«Más le valdría estarse quieto.
«De pronto, mi padre me pareció intranquilo: se alejó algunos pasos, miró fijamente á su familia que rodeaba al vendedor de ostras, y bruscamente se dirigió hacia el sitio que ocupábamos. Estaba muy pálido, nos miraba con ojos extraños, y dijo á mi madre con voz muy baja:
—«Es extraordinario lo mucho que ese hombre que abre las otras se parece á Julio.
«Mi madre, con gran extrañeza, preguntó:
—«¿Á qué Julio?
—«Pues... mi hermano... Si no supiese que está en América y en buena posición, juraría que es él.