—«Siéntate, que los demás no se deben enterar de nada.
«Y mi padre se dejó caer en un banco murmurando:
—«¡Es él, es él!
«Y luego preguntó:
—«¿Qué vamos á hacer?
«Mi madre respondió con presteza:
—«Es preciso alejar á las chicas. Puesto que José lo sabe todo, él irá á buscarlas, pero es necesario que nadie, y sobre todo el yerno, se entere de nada.
«Mi padre parecía aterrado.
—«¡Qué catástrofe!—murmuró.
«Mi madre, enfureciéndose de pronto, dijo: