Levesque se sienta y le pregunta:

—¿De manera que viene de muy lejos?

—Vengo de Cette.

—¿Á pie?

—Sí, á pie. Cuando no se tienen posibles, es preciso...

—Y ¿á dónde va?...

—Aquí.

—¿Conoce á alguien?

—Tal vez.

Y se callan. El vagabundo, aunque hambriento, come despacio y bebe un sorbo de sidra después de cada pedazo de pan. Su rostro está arrugado, gastado, lleno de hoyos por todas partes, y parece haber sufrido mucho.