Bruscamente Levesque le pregunta:
—¿Cómo se llama?
—Me llamo Martín.
Extraño estremecimiento agita á la madre. Avanza un paso como si quisiese ver más de cerca al vagabundo, y se para frente á él con los brazos caídos y la boca abierta. Nadie dice palabra, hasta que Levesque añade:
—¿Es usted de aquí?
—Sí, de aquí soy.
Y al levantar la cabeza, su mirada se encuentra con la de la mujer, y mirándose están por espacio de unos segundos.
Con voz baja, cambiada y temblorosa, ella dice:
—¿Eres tú mi marido?
Y él articula lentamente: