«¡Es mi tío, el hermano de papá, mi tío!

«Le di cincuenta céntimos de propina; él me miró con extrañeza:

—«Que Dios le bendiga, joven,—me dijo.

«Y me lo dijo con la entonación de un pobre que recibe una limosna.

«Mi generosidad había dejado estupefactas á mis hermanas.

«Cuando devolví los dos francos á mi padre, mi madre me preguntó:

—«¿Habíais gastado tres francos?... Eso no es posible...

«Y entonces, añadí con firmeza:

—«.He dado cincuenta céntimos de propina.

«Mi madre pareció sobresaltarse y, clavando sus ojos en los míos, repuso:—«¡Tú estás loco? Dar cincuenta céntimos á ese hombre, á ese miserable...