—Si esa mujer no se hubiese emborrachado, lo menos hubiera vivido diez años más.
EL BICHO DE BELHOMME
La diligencia del Havre se disponía á salir de Criquetot, y en el patio del hotel del Comercio, cuyo propietario era Malandain hijo, todos los viajeros esperaban á que les llamasen por su nombre.
Era un carruaje amarillo, montado sobre ruedas amarillas también en otros tiempo, pero que el barro acumulado había teñido de gris; y si las de delante eran pequeñas, las de detrás eran altas y frágiles y sostenían, diforme y abultado, algo que parecía el vientre de bestia diforme. Tres pencos blancos, que á primera vista llamaban la atención por sus enormes cabezas y sus redondas rodillas, arrastraban la diligencia que, por su estructura, semejaba un monstruo. Y los caballos, enganchados al extraño vehículo, parecía que dormían.
Cesáreo Horlaville, el cochero, era un hombrecito ventrudo y sin embargo flexible y ágil, á causa de la constante costumbre de encaramarse al pescante y escalar el imperial; tenía la piel curtida por el aire de los campos, las lluvias y las borrascas; rojizo el rostro por el uso y tal vez el abuso del alcohol, y brillantes los ojos que parpadeaban al viento y al granizo. Cuando apareció en el patio de la posada se secaba los labios con el reverso de la mano.
Grandes cestos redondos, llenos de aves asustadas, esperaban ante las inmóviles campesinas, y Cesáreo Horlaville, cogiéndolos uno á uno, los colocó en la parte alta de su carruaje; en seguida, y con más cuidado, colocó los que contenían huevos, lanzando después, desde abajo, algunos saquitos de grano y una serie de paquetes envueltos con pañuelos, trapos y periódicos. Luego, abriendo la portezuela, sacó del bolsillo una lista que leyó en voz alta:
—¡Señor cura de Gorgeville!
El sacerdote, hombre robusto, fuerte y de amable aspecto, avanzó; y recogiéndose la sotana como las mujeres se recogen la falda, montó en la diligencia.
—¿El maestro de Rollebose-les-Grinets?
Un hombre alto y delgado, vestido con negra levita que le llegaba hasta las rodillas, avanzó tímidamente y y á su vez desapareció por la abierta portezuela.