—Sí, el curandero que sanó á mi padre.

—¿Á tu padre?

—Sí, hace mucho tiempo.

—¿Y qué tenía tu padre?

—Pues un aire en la espalda que no le dejaba moverse.

—Y ¿qué le hizo Chambrelán?

—Pues le amasó la espalda con las dos manos como quien amasa pan, y todo pasó en dos horas.

Belhomme creía que Chambrelán había pronunciado algunas palabras extrañas, pero delante del cura no se atrevió á decirlo.

Riendo, Caniveau repuso:

—Lo que tienes en el oído debe ser un conejo que ha tomado ese agujero por su madriguera. Espera, voy á hacerle salir.