La diligencia se detuvo ante el café de Polito y el cura dijo: «Si se echase un poco de agua en la oreja, tal vez se le haría salir. ¿Quiere que probemos?».

—¡Ya lo creo que quiero!

Y todos bajaron para asistir á la operación.

El sacerdote pidió una jofaina, una toalla y un vaso de agua, y recomendó al maestro que mantuviese inclinada la cabeza del paciente, y que cuando el líquido hubiese penetrado en el orificio, la volviese bruscamente.

Pero Caniveau, que miraba la oreja de Belhomme para ver si á simple vista distinguía el bicho, exclamó:

—¡Demonio, vaya una pasta! Hay que destapar esto pues con tanta confitura el conejo no puede salir. Se le pegarían las patas.

El cura examinó á su vez el conducto y le encontró demasiado estrecho y demasiado obstruido para que el bicho saliese. Entonces el maestro, con una cañita y un poco de algodón en rama despejó el camino y, en medio de la ansiedad general, el sacerdote vertió medio vaso de agua que corrió por la cara, pelo y cuello de Belhomme. El maestro hizo girar rápidamente la cabeza, como si hubiese querido destornillarla, y en la blanca vasija cayeron algunas gotas. Todos los viajeros se precipitaron, mas no había salido ningún bicho.

Con todo Belhomme declaró: «Ya no siento nada», y el cura dijo solemnemente: «¡Claro está! ¡Cómo que se habrá ahogado!» Y con general contento volvieron á meterse en la diligencia.

Mas apenas se habían vuelto á poner en marcha cuando Belhomme dió un grito terrible. El bicho había despertado y le mordía furiosamente, afirmando que se le había metido en la cabeza y le estaba devorando los sesos. Chillaba tanto y hacía contorsiones tan raras, que la mujer de Poiret, creyéndole poseído por el diablo, empezó á llorar y á hacer la señal de la cruz. El dolor del enfermo se calmó un poco y contó que el bicho se paseaba por el interior del oído. Con el dedo imitaba sus movimientos y parecía que le veía y le seguía con la mirada. «Ahora sube, ahora sube... ñau, ñau... ¡qué horror!».

Caniveau se impacientaba: «El agua enfurece al bicho ése, prueba de que está acostumbrado al vino».