Y luego, cuando se hubo calmado un poco, exclamó: «Vamos, en marcha, que ya hemos perdido bastante tiempo».

Y los viajeros, sin dejar de reir, se dirigieron hacia la diligencia.

Belhomme, que había llegado el último, dijo que no continuaba el viaje y que se volvía á Criquetot porque ya no tenía nada que hacer en el Havre.

El cochero repuso:—Haz lo que quieras pero paga tu asiento.

—Como no he pasado de la mitad del camino, no debo más que la mitad.

—Lo debes todo por que lo tomaste hasta el Havre.

Y empezó una discusión que no tardó en convertirse en furiosa querella. Belhomme juraba que no daría más que un franco, y Cesáreo Horlaville afirmaba que cobraría dos.

Y frente á frente, y con los ojos clavados en los ojos, gritaban á más y mejor.

Caniveau se apeó.

—Ante todo, debes dos francos al cura, ¿oyes? y luego una ronda para todos, lo que asciende á dos francos setenta y cinco, y además darás un franco á Cesáreo. ¿Hace, descarado?