—Tampoco.

Y se miraron aterrados. Al fin Loisel se vistió y dijo:

—Voy á recorrer el camino que hemos hecho á pie á ver si lo encuentro.

Y salió. Ella se quedó vestida con el traje de baile, sin fuerzas para acostarse, abatida en una silla, sin lumbre y sin poder pensar.

Su marido volvió á las siete sin haber encontrado nada.

Fué á la Prefectura de policía, á los periódicos para prometer importante recompensa, á las compañías de carruajes, á todas partes donde podía llevarle un reflejo de esperanza.

Ella, ante el espantoso desastre, estuvo esperando todo el día en el mismo estado de abatimiento.

Por la noche, Loisel volvió pálido y descompuesto sin haber encontrado nada.

—Es preciso—dijo—que escribas á tu amiga diciéndole que has roto el broche del collar y que lo haces componer. Eso nos dará tiempo.

Y le dictó la carta.