Los invitados se fueron hablando del suceso, contentos á pesar de todo por haberlo presenciado, y también por haber tomado un refrigerio.
Y cuando el hombre y la mujer se quedaron solos, ella, con el rostro contraído, murmuró:
—¡Y tendré que hacer otras cuatro docenas de manzanas y que descolgar morcillas! ¡Si hubiese muerto esta noche!
Y el marido, más resignado, contestó:
—Eso no ocurre todos los días...
Á CABALLO
Los pobres vivían penosamente con el corto sueldo del marido. Dos niños habían nacido del matrimonio, y la estrechez se había convertido en una de esas miserias veladas, humildes, vergonzosas; miseria de familia noble que á pesar de todo quiere conservar la altura que á su rango corresponde.
Héctor de Gribelin se había educado en una provincia, en la casa paterna, y al lado de un viejo abate. No eran ricos, pero vivían salvando las apariencias, y cuando llegó á los veinte años se le buscaron los medios para que se crease una posición, y entró en el Ministerio de marina con mil quinientos francos de sueldo.
Había tropezado en este escollo como todos aquellos á quienes no se ha preparado para los rudos combates de la vida, como todos los que ven la existencia á través de nubes, que ignoran los medios y las resistencias; en quienes no se han desarrollado aptitudes especiales, facultades particulares, energías para la lucha, y á quienes no se han entregado armas ó útiles para defenderse.
Sus tres primeros años de empleado fueron horribles.