Cuando todo el mundo se hubo colocado en el carruaje, Héctor inspeccionó la cincha, y apoyándose en un estribo se plantó en la silla.

El animal, al sentir la carga caracoleó, y á punto estuvo de tirar al jinete.

Éste, muy emocionado, intentaba calmarle.

—Vamos, hop, vamos, hop...

Y cuando le hubo tranquilizado preguntó:

—¿Todo está dispuesto?

Cuatro voces á un tiempo respondieron.

—Sí.

—Pues en marcha.

Y la cabalgata se alejó.