Los dos amigos, lívidos y temblando nerviosamente, callaron.

El oficial añadió:

—Nadie lo sabrá nunca y les dejaré marchar tranquilamente. El secreto quedará entre nosotros, pero si callan, les mato. Escojan.

Los dos permanecieron inmóviles y sin abrir la boca.

El prusiano, sin perder la tranquilidad, extendió la mano hacia el río y agregó:

—Piensen que dentro de cinco minutos estarán en el fondo del agua. Dentro de cinco minutos... ¿Tienen ustedes familia?

En el Mont-Valérien, el cañoneo continuaba.

Los dos pescadores seguían silenciosos. El alemán dió órdenes en su idioma; cambió luego su silla de sitio para no estar demasiado cerca de los prisioneros, y doce hombres se colocaron á veinte pasos de distancia con el fusil en la mano.

El oficial gritó:

—Les concedo un minuto; ni un segundo más.