—Ahora les toca el turno á los peces.

Luego se encaminó hacia la casa, y al fijarse en la red que contenía los pescados la examinó, sonrió y gritó: «¡Wilhem!».

Un soldado que llevaba delantal blanco acudió al llamamiento, y el prusiano, dándole la pesca de los dos fusilados, le dijo:

—Fríeme en seguida esos animalitos, ahora que están vivos. Será un plato delicioso.

Y encendiendo la pipa se puso á fumar tranquilamente.

EL LADRÓN

—Les digo que no me creerán.

—De todos modos, cuente.

—No tengo ningún inconveniente, pero ante todo necesito afirmarle que mi historia, por inverosímil que pueda parecerles, es rigurosamente exacta. Á los únicos á quienes no podría sorprender es á los pintores, á los pintores viejos especialmente, á los que conocieron la época aquella en que la broma era una obsesión aún en las circunstancias más graves.

Y el viejo artista se sentó á horcajadas en una silla.