«El prisionero bebió por un regimiento, pero, cuando el alba apuntó, se puso en pie y dijo con mucha calma: «Me veo precisado á dejaros, pero tengo que irme á casa».
«Aquello nos entristeció: quisimos retenerle, mas él se negó á estar más tiempo con nosotros.
«Le estrechamos la mano, y Soireul alumbró el vestíbulo y le dijo: «Cuidado con el escalón del portal».
En torno del narrador se reía francamente. Éste se levantó, encendió la pipa, y mirándonos con fijeza, dijo:
«Y lo más gracioso de mi historia es que es verdadera».
TONICO
I
Á diez leguas á la redonda se conocía al tío Tonico, Tonico el gordo, Tonico-mi-triple, á Antonio Macheblé, Brulote de apodo, el tabernero de Tournevent.
Había hecho célebre á la aldea hundida en un pliegue del valle que bajaba hasta la mar, pobre aldea compuesta de diez casas normandas rodeadas de fosos y de árboles.
Y las casitas estaban allí amontonadas, ocultas casi entre hierbas y juncos, detrás de la curva que había sido causa de que á aquel lugar se le llamase Tournevent. No parecía sino que, como los pájaros, habían ido á buscar asilo en aquel hoyo para resguardarse de las borrascas y del viento fuerte y salado que todo lo destruye y quema cual si fuese fuego.