—Acabo de poner diez huevos en el nido de la rubia y te traigo otros diez á ti, procura no romperlos.
—Pero ¿qué quieres?—preguntó con asombro Tonico.
—Pues que los empolles, sinvergüenza.
Al principio se rió, pero como ella insistiese, llegó á enfadarse, quiso resistir, y se negó resueltamente á que le pusiese bajo los brazos los huevos aquéllos que con su calor tenía que empollar.
Pero la vieja, furiosa, le dijo:
—Pues si no los tomas, no comerás. Ya veremos lo que sucederá.
Tonico, inquieto, no quiso contestar.
Cuando dieron las dos llamó pidiendo la sopa.
—No hay sopa para ti, gandul—le gritó la vieja desde la cocina.
Creyó que era una broma y esperó, luego rogó, suplicó, juró, dió puñetazos á las paredes, pero tuvo que resignarse á que le metiesen cinco huevos en cada sobaco. Después se le dió la sopa.