—¡Abrid!

Luego, después de un silencio, la misma voz repitió:

—Abrid ó echo abajo la puerta.

Entonces Berta se metió en el bolsillo de la falda el revólver que estaba colgado junto al hogar, fué luego á pegar la oreja contra la puerta, y preguntó:

—¿Quién va?

La voz respondió:

—El destacamento del otro día.

—¿Qué quieren ustedes?

—Desde esta mañana andamos perdidos por el bosque. Abra ó rompo la puerta.

La mujer no podía vacilar; descorrió el cerrojo, y retirando la tranca abrió y pudo ver en la sombra pálida de la nieve á seis hombres, seis soldados prusianos, los mismos que habían visto la víspera. Y les dijo resueltamente: