—¡Eh! Padre.

La misma voz, ya más próxima, contestó:

—¡Berta!

La joven dijo entonces:

—No pases por delante del tragaluz, hay prusianos en la bodega.

Bruscamente la gran silueta del hombre se dibujó á la izquierda, inmóvil entre dos árboles, y preguntó con inquietud:

—Prusianos en la bodega... ¿Y qué hacen allí?

Berta se puso á reir.

—Son los de ayer—dijo.—Se habían perdido en el bosque y yo les he metido en la bodega para que se refresquen.

Y refirió lo ocurrido y cómo los había asustado con los tiros de revólver y encerrado después.