Y el volante de la bomba quedó inmóvil.
Luego, después de haber llenado la cocina de soldados que esperaban arma en brazo, levantó lentamente la trampa de encina.
Y aparecieron cuatro cabezas, cuatro cabezas rubias, con largos cabellos pálidos, y uno tras otro, los seis alemanes salieron chorreando, tiritando, medio muertos de frío.
Los cogieron y los ataron, y como se temía una sorpresa, se pusieron en marcha inmediatamente, divididos en dos grupos, uno que llevaba á los prisioneros y otro que llevaba á Maloison en una camilla improvisada.
Entraron triunfalmente en Rethel, y Lavigne fué condecorado por haber capturado á una vanguardia prusiana, y al panadero gordo le concedieron la medalla militar por la herida recibida frente al enemigo.
EL PARADOR
Semejante á todos los mesones de madera plantados en los Altos Alpes, al pie de los ventisqueros, en esos callejones pedregosos y desnudos que cortan los blancos picachos de las montañas, el parador de Schwarenbach sirve de refugio á los viajeros que siguen el paso del Gemmi.
Está abierto durante seis meses y lo habita la familia de Juan Hauser; luego, en cuanto las nieves se amontonan, llenan el valle y hacen impracticable el descenso á Loëche, las mujeres, el padre y los tres hijos se van, dejando la casa al cuidado del viejo guía Gaspar Hari, que allí se queda con el joven Ulrico Kunsi, y Sam, un perrazo montañés.
Los dos hombres y el perro viven en aquella cárcel de nieve hasta que vuelve la primavera, no teniendo ante los ojos más que la inmensa y blanca pendiente de Balmhorn, con los picachos pálidos y brillantes que la rodean, y encerrados, bloqueados enterrados en la nieve que se alza en torno suyo, y rodea, oprime, aplasta la casuca, se amontona sobre el tejado, llega hasta las ventanas y tapia la puerta.
Es el día en que la familia Hauser regresa á Loëche, pues el invierno se acerca y el descenso empieza á ser peligroso.