Primero salen tres mulas, que los tres hijos llevan de la brida, y la madre, Juana Hauser, y su hija Luisa, montan en otra. Las tres primeras llevan el equipaje.
El padre sigue en compañía de los dos guardianes que han de escoltar á la familia hasta que empiece la bajada.
Contornean primero la ya helada laguna del fondo de la hoya formada por las rocas que están frente al parador; cruzan luego el valle, blanco como una sábana y completamente dominado por nevados picachos.
Una lluvia de sol cae sobre ese desierto blanco, resplandeciente y helado, iluminándolo con llama cegadora y fría; en ese océano de montañas la vida no aparece por ninguna parte; en la desmesurada soledad no se advierte el menor movimiento, y ningún ruido viene á turbar su profundo silencio.
Poco á poco, el guía joven, Ulrico Kunsi, un suizo enorme y largo de piernas, deja atrás al viejo Hauser y á Gaspar Hari para reunirse á las dos mujeres.
La más joven le ve acercarse y parece que le llama con sus ojos tristes. Es una campesina rubia, cuyas lechosas mejillas y pálidos cabellos parece que han perdido el color viviendo entre los hielos.
Cuando alcanza á la mula que las lleva, apoya la mano en la grupa y afloja el paso. La madre le dirige la palabra y enumera con infinitos detalles todas las recomendaciones necesarias para la invernada, pues el mozo no se ha quedado nunca allá arriba, en tanto que el viejo Hari ha pasado ya catorce inviernos.
Ulrico Kunsi escucha sin que al parecer comprenda, y no aparta los ojos de la joven un solo instante. De cuando en cuando contesta «Sí, señora», pero su pensamiento le lleva muy lejos, y su tranquilo rostro permanece impasible.
Así llegan hasta el lago Daube, cuya superficie helada y tersa se extiende hasta el fondo del valle. Á la derecha, Daubenhorn muestra sus negras rocas juntó á las enormes morenas del ventisquero de Lœmmerm que domina Wildstrubel.
Al acercarse á la garganta de Jemmi, donde empieza el descenso hacia Loëche, distinguen el inmenso horizonte de los Alpes del Valais, de los cuales les separa el profundo y anchuroso valle del Ródano.