El muy sinvergüenza, con los ojos bajos, murmuró:
—Pido perdón.
Su tío le despidió dándole un soberano cachete que le hizo vacilar; salió corriendo á todo correr, y no volví á verle.
Pero Cavalier parecía aterrado.
—Es malo—murmuraba—es malo.
Y durante la comida no cesó de repetir:
—¡Oh! Eso me acaba la vida, mi amo; usted no puede comprender lo negro que tengo el corazón.
Yo procuraba consolarle, pero todo era en vano; y como quería salir á cazar en cuanto apuntase el día, no tardé en irme á dormir.
Cuando apagué la vela de un soplo, mi perro roncaba ya á los pies de mi cama...
...Los furiosos ladridos de Block me despertaron á media noche, y al punto advertí que la habitación estaba llena de humo. Salté del lecho, encendí la luz, corrí á la puerta, y la abrí... Por el hueco entró un torbellino de llamas; la casa ardía.