«Y le encontraron en el fondo del hoyo, á ocho pies de profundidad como yo había dicho; sí señor, el hombrecito del traje de dril estaba allí.

«Esto es lo ocurrido, y por la salvación de mi alma juro haber dicho la verdad; soy inocente».

Y como los testigos habían declarado en el mismo sentido, el acusado fué absuelto.

EL INVÁLIDO

Lo que voy á referir me ocurrió en 1882.

Acababa de instalarme en un rincón del coche vacío y había cerrado la portezuela con la esperanza de quedarme solo, cuando se abrió bruscamente y oí una voz que decía:

—Cuidado, señor, cuidado: estamos en el cruce de líneas y el estribo está muy alto.

Otra voz respondió:

—No temas, Lorenzo, me sujeto bien.

Luego apareció una cabeza cubierta con un sombrero flexible, y dos manos que se agarraban con fuerza á las correas que colgaban á los lados de la portezuela, alzaron un cuerpo grande cuyos pies, al chocar con el estribo, produjeron un ruido de palo al golpear el suelo.