Ahora bien, cuando el hombre hubo metido el cuerpo en el coche, vi aparecer, bajo la tela del pantalón, los extremos pintados de negro de dos patas de palo.

Tras el viajero apareció otra cabeza que preguntó:

—¿El señor está bien?

—Sí, muchacho.

—Entonces, ahí van los paquetes y las muletas.

Y un criado, que por su aspecto parecía un soldado viejo, subió y dejó sobre el asiento varios paquetes perfectamente atados. Luego dijo:

—Eso es todo, señor: hay cinco. Los bombones, la muñeca, el tambor, el fusil, y el pastel.

—Muy bien, muchacho.

El criado colocó los paquetes en la redecilla y bajó diciendo:

—Buen viaje, señor.