—Señor cura, se va usted á poner como una sopa. Espere un poco todavía que eso pasará.
El buen hombre se detuvo indeciso, y luego dijo:
—Es que tengo mucha prisa: tengo una cita urgente.
El señor Marín parecía desolado.
—Va usted á ponerse hecho una sopa. ¿Puedo preguntarle á qué barrio se dirige?
El cura vaciló un instante y contestó:
—Voy por el lado del Palais Royal.
—En este caso, señor cura, voy á ofrecerle, si me lo permite, la mitad de mi paraguas. Yo voy al consejo de Estado porque soy consejero de Estado.
El sacerdote levantó la cabeza, se fijó en su vecino y contestó:
—Muchísimas gracias, caballero, acepto muy reconocido.