Uno de los cartuchos que momentos antes había metido en la escopeta para anunciar el fuego, estaba intacto, y la carga, alcanzando al fugitivo por la espalda, hizo que cayese de cara completamente cubierto de sangre. Se puso á arañar la tierra, como si quisiese huir á cuatro patas, y al modo de las liebres heridas cuando ven que se acerca el cazador.

Corrí, y cuando llegué á su lado el muchacho agonizaba; y antes que el incendio se hubiese extinguido, murió sin decir una palabra.

Cavalier, en camisa é inmóvil, parecía una estatua. Y cuando las gentes de la aldea llegaron, tuvieron que llevarse á mi guarda que parecía loco.

En la vista declaré como testigo y conté detalladamente, sin quitar ni añadir ni una coma, todo lo que sabía. Cavalier salió absuelto, pero el mismo día desapareció y nunca más volvieron á verle en el lugar. Yo no sé lo que fué de él.

Y ésta es, señores, mi historia de caza.

EL PECIO

Ayer estábamos á 31 de diciembre.

Y acababa de almorzar con mi antiguo amigo Jorge Guerín, cuando el criado le entregó una carta cuyo sobre estaba casi completamente cubierto de sellos extranjeros.

Jorge me dijo:

—¿Permites?