El soldado parecía indeciso y á pesar de su rabia no se atrevía á que sus hombres la sacasen por la fuerza de la cama... pero de pronto se puso á reir y dió órdenes en alemán.
Y no tardó en verse salir á un destacamento que sostenía un colchón como quien lleva á un herido. Y en el lecho que no habían tocado, la loca, siempre silenciosa y tranquila, permanecía indiferente á cuanto ocurría. Para ella lo importante era que la dejasen acostada. Detrás iba un hombre llevando un lío de ropa de mujer.
El oficial, frotándose las manos, dijo:
—Aunque no quiere vestirse, daremos un paseíto...
Y el cortejo se alejó con dirección al bosque de Suranville.
Dos horas después, los soldados volvieron solos.
Y nadie volvió á ver á la loca... ¿Qué habían hecho con ella? ¿Á dónde la habían llevado? Nunca se supo.
Nevaba noche y día, y praderas y bosques se envolvían con un sudario de musgo helado. Y los lobos venían á aullar hasta á nuestras puertas...
La idea de aquella pobre mujer perdida era una obsesión para mí; y para tener noticias suyas llegué á hacer diligencias cerca de las autoridades alemanas. Por poco me fusilan.
Volvió la primavera; se alejó el ejército de ocupación, y la casa de mi vecina seguía cerrada. Por los senderos de su jardín la hierba crecía.