—Usted dice, comandante, que tuvo miedo, y yo no lo creo. Usted se engaña con respecto á la palabra y con respecto á la sensación que experimentó. Un hombre enérgico no siente nunca miedo ante un peligro inmediato. Se siente emocionado, agitado, ansioso; pero el miedo es cosa muy distinta.
El comandante replicó riendo:
—¡Diablo! Yo le aseguro que tuve miedo y mucho miedo.
Entonces el hombre de bronceada tez, repuso con voz lenta:
—Permítanme que me explique. El miedo—y hasta los hombres más arrojados pueden tenerlo—es algo espantoso, es una sensación atroz, algo así como la descomposición del alma, horrible espasmo del pensamiento y del corazón cuyo solo recuerdo nos hace sentir los estremecimientos de la angustia. Pero cuando se es valiente, eso no ocurre nunca, ni ante la muerte inevitable ni ante las formas de peligro conocidas: eso ocurre en ciertas circunstancias anormales, bajo ciertas influencias misteriosas y frente á riesgos vagos. El verdadero miedo es algo parecido á los fantásticos terrores de otros tiempos. Un hombre que crea en los espectros y que imagine distinguir uno en medio de las sombras de la noche, debe sentir miedo con todo su espantoso horror.
Yo, hace diez años que adiviné el miedo en pleno día. Y el invierno pasado, en una noche de diciembre, lo sentí.
Y sin embargo, me he visto en situaciones peligrosas y metido en aventuras que parecían mortales. Me he batido con frecuencia: unos bandoleros me dejaron por muerto; en América, por insurrecto, me condenaron á la horca, y en las costas de China me arrojaron al agua desde el puente de un buque. Y siempre me creí perdido, y cada vez tomé mi decisión sin sentir ningún pesar.
Pero el miedo no es eso.
En África lo presentí, y sin embargo es hijo del norte y el sol lo disipa como disipa la niebla. Observen esto, señores: para los orientales, la vida no tiene ningún valor y se resignan en seguida; en Oriente las noches son claras y en ellas no se encuentran las sombrías inquietudes que en los países fríos son la obsesión de todos los cerebros. En Oriente se puede saber lo que es pánico, pero se ignora lo que es miedo.
Pues bien, he ahí lo que me ocurrió en tierra africana.